La revolución de datos está cambiando la forma en que los ciudadanos comparten conocimientos, demandan servicios e interactúan entre ellos, sus representantes públicos y organizaciones privadas.

Los expertos aseguran que liberar datos puede promover la transparencia y la responsabilidad, al tiempo que ayuda a desarrollar nuevos objetivos e indicadores. Sin embargo, las personas con discapacidad están en una cruzada propia para lograr la inclusión en todos los aspectos de la vida.

De acuerdo a un informe del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD, 2017), “datos críticos indican que las brechas de conocimiento se mantienen con distintos grupos, en particular con los más vulnerables y marginados. Además, es necesario disponer de datos más precisos, incluso por género, edad, ingresos, ubicación, educación o discapacidad”.

En consecuencia, ¿Cómo se involucran las personas con discapacidad con esta revolución de datos? ¿Se los contabiliza (en mediciones, cifras separadas y análisis) y se sienten incluidos en el debate mundial sobre recopilación de datos sociales, Big Data y nuevas tecnologías?

Tomemos como ejemplo la industria de la tecnología electoral.

La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CRPD) garantiza los derechos políticos a las personas con discapacidad. Primero destacando la importancia de los procesos de votación accesibles, la información electoral y el derecho a presentarse a las elecciones, y segundo, abogando por formar y unir sus propias organizaciones y participar en la vida política”.

Los datos sociales pueden dar visibilidad, ayudando a controlar y ofrecer informes sobre algunos de los desafíos más apremiantes en torno a la participación política de las personas con discapacidad, incluyendo a los grupos vulnerables como las mujeres y los jóvenes. Por lo tanto, los programas y servicios deberían estar bien diseñados para incluir eficazmente a todos los involucrados en una elección.

La tecnología de votación, respaldada por datos, podría contribuir, por ejemplo, a garantizar el acceso y la facilidad de uso de los centros de votación y las máquinas de voto electrónico.

A pesar de los debates mundiales que se dan en la actualidad para recopilar y utilizar mejor los datos sobre las personas con discapacidad; la revolución de los datos puede ayudar a situar la discapacidad a la vanguardia del desarrollo. Por lo tanto, es necesario que las nuevas tecnologías, incluidos los sistemas electorales, se comprometan y tomen un impulso junto con el resto de la sociedad.

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